Una muerta absurda

No quiero ir de "ecologista rancio" ni tampoco de "talibán anticaza", todo lo contrario, defiendo la caza (aunque personalmente prefiero la cámara a la escopeta, después de haber usado ambas) como una actividad más de gestión del medio natural, la cual contribuye de forma mutuamente beneficiosa a mantener la salud de determinados ecosistemas. Vaya por delante que el mayor ecologista que conozco es un cazador convencido y en activo, mi padre para más señas y cuyo respeto a la naturaleza dudo mucho que superen los más destacados miembros de Greenpeace o Adena.
Cuando el propósito de la caza, a parte de realizarse de forma ilegal (con artes no autorizadas, veáse el lazo de cable de acero de la foto) y en un espacio protegido (en el castañar de Güejar Sierra, Parque Natural de Sierra Nevada), es el de matar a un animal de una forma lenta y cruel y encima para dejarlo podrirse en medio del campo sin ningún tipo de aprovechamiento ni gastronómico ni ornamental ni nada de nada, entonces nos hallamos ante una actividad cruel, absurda y quizás también más estúpida que inútil. Realizar semejante acción es más propio de una bestia como el jabalí que de un ser humano.
Ecológicamente esta absurda muerte no supone nada para el ecosistema ni para la población de jabalí (que actualmente son a todos los efectos una auténtica plaga que habría que controlar), estoy de acuerdo, pero da pena y vergüenza ver como se mata a un animal (aunque sea tan feo y tan  poco carismático como un jabalí) en lenta agonía para que se pudra, matar por matar sin ton ni son ni beneficio ni provecho... Una "marranada" impropia hasta de un jabalí...
P.D.: Aquella misma mañana retire otro lazo más en el mismo bosque, pero sin "bicho" afortunadamente.

1 comentarios:

Juan Ángel dijo...
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